¿Y si te asignaran un puesto de trabajo antes de la primera clase? La Escuela de Innovación del ITBA no tenía ceremonia de ingreso. Diseñamos una que empieza sin avisar que empezó.
Educación ejecutiva · Diseño especulativo · 2028
Año
2026
Cliente
Escuela de Innovación, ITBA
Campo
Diseño de experiencia y ficción especulativa
Estado
Entregado, 2026
El encargo: una bienvenida que no existía
¿Y si te asignaran un puesto de trabajo antes de la primera clase?
Los programas de la Escuela de Innovación duran semanas o meses. No hay ingreso, no hay colación, no hay nada que marque que empezaste. El participante sube por el ascensor, entra al aula y se sienta. Eso era todo.
El pedido llegó al revés de como suele llegar. No querían un video institucional ni un kit de bienvenida con una libreta. Querían que el primer contacto físico con el edificio hiciera parte del trabajo del programa y que, además, empujara a la persona a anotarse en el siguiente.
El pasillo entre el ascensor y las aulas. Antes de las nueve no hay nada acá.
La pregunta que abre todos los programas es una sola: ¿cómo será tu trabajo en 2028? Elegimos ese horizonte por una razón operativa. 2028 cae adentro de la vida laboral de quien está cursando: es el año que viene del año que viene, lo bastante cerca como para que nadie pueda contestar que eso no le toca.
El caso en cuatro respuestas
Qué nos pidieron
Una bienvenida para los programas ejecutivos de la Escuela de Innovación del ITBA. No un video ni un kit: algo que pasara en el edificio, que funcionara igual para grupos de siete y de cuarenta y cinco personas, que se montara y se desmontara solo y que dejara a la gente con ganas de anotarse en el programa siguiente.
Qué hicimos
Diseñamos una instalación en el pasillo del segundo piso donde un sistema le asigna a cada participante un rol profesional de 2028. Catorce roles escritos con fuente, un escritorio rojo con su panel de herramientas, protocolos de moderación y el circuito de comunicación entero, desde el mail previo hasta lo que dice el facilitador cuando el grupo entra al aula.
Qué pasó después
Entregamos el diseño y la dirección creativa en 2026. La construcción y la puesta en marcha quedan a cargo de la Escuela, con su Lab y proveedores externos. Lo que la institución haga con la instalación no forma parte de lo que publicamos.
Qué diríamos hoy
Lo que más discutimos no fue el escenario de 2028 sino la regla de no explicar: cada vez que alguien propone un cartel que aclare qué está pasando, la experiencia pierde. Lo que queda pendiente es medir. Cuántos de los que pasan por el Gabinete se anotan después en otro programa es hoy una hipótesis, no un número.
El rito: noventa segundos por persona
Días antes llega un mail. No dice bienvenida, no dice experiencia, no menciona al ITBA. Dice que el registro fue procesado y trae un código.
El participante entra al edificio. Una pantalla en planta baja indica: Sistema de Transiciones, segundo piso. El ascensor está intervenido. Sale al pasillo y ve un escritorio rojo, un panel con herramientas plotteadas en colores flúo colgadas a la vista, un fichero de cajones numerados y una persona de mono naranja que no sonríe de más.
El cajón 17, abierto. Adentro está el rol que le tocó.
Escanea su código. La pantalla le asigna un cajón. Adentro está su credencial, un tríptico con su rol y una tarjeta que le indica qué herramienta retirar del panel. Firma un registro de incorporación que queda archivado junto al de las cohortes anteriores. Se lleva la herramienta.
Noventa segundos por persona. Un grupo de cuarenta y cinco pasa en poco más de una hora, en micro-cohortes, sin que se arme una cola que mate el clima.
En ningún momento se dice 2028. El moderador no habla de futuro, de innovación ni de experiencia: usa vocabulario de oficina, procesamiento, asignación, lote, registro. El año aparece impreso en la credencial y el participante lo lee solo, con el objeto en la mano. Ese es el momento, y no lo produce ninguna pantalla.
El marco se revela recién en el aula, cuando el facilitador puede decir que acaban de pasar por el Gabinete Extemporáneo y volver sobre la pregunta durante todo el programa.
Los objetos
Cinco piezas hacen el trabajo. Ninguna es una pantalla.
El escritorio rojo. Centro del espacio y única superficie de contacto. Rojo saturado contra un pasillo institucional gris; se ve desde que se abren las puertas del ascensor.
La herramienta. Una llave inglesa, una lupa, una linterna. Objetos que cualquiera reconoce, plotteados en flúo de punta a punta, en tamaño normal para que entren en una mochila. Reconocible al cien por ciento y corrido un diez. Nadie la guarda en un cajón: queda sobre el escritorio de la oficina y alguien pregunta qué es. Ahí sigue trabajando la instalación, dos semanas después, sin nosotros.
Catorce herramientas colgadas. Cada una corresponde a un rol.
La biósfera. Una esfera sellada con un ecosistema que se sostiene solo, apoyada al costado del escritorio. Sin cartel, sin luz especial, sin explicación. Es la planta de escritorio de 2028 y lo único vivo en una escena de trámite.
El teclado. Tiene una tecla que dice Learn donde iría otra. Funciona.
El documento firmado. La única pieza que el participante entrega en vez de recibir. Se archiva en una bandeja a la vista, encima de las firmas de la cohorte anterior.
Los catorce roles
Catorce roles profesionales, cada uno con definición, tareas de un día común, tensiones características y una provocación impresa en el tríptico. Supervisor de Ecosistemas de IA. Gestor de Cadenas Regenerativas. Ninguno inventado desde cero.
Cada rol salió de cruzar dos cosas: los cinco escenarios del marco Convergencia 5.0, desarrollado por Karen Zeolla en el ITBA, y el catálogo real de programas de la Escuela. Un rol que no conecte con algo que el ITBA efectivamente enseña no entra.
Cada tríptico trae un día de trabajo de 2028, con sus tensiones adentro.
Después, cada uno se ancló en señales verificadas contra fuente primaria. Uno de los roles del eje energético, por ejemplo, se apoya en tres cifras que ya son presente: el 93 % de la nueva capacidad energética instalada en Estados Unidos es renovable, 140 países tienen compromisos de net-zero y la Organización Internacional del Trabajo proyecta 24 millones de empleos verdes para 2030.
La asignación es aleatoria estratificada y se puede filtrar por programa. Nadie elige su rol. Un rol elegido es una preferencia; uno asignado hay que discutirlo con alguien.
Fuentes: marco Convergencia 5.0 (Karen Zeolla, ITBA); World Economic Forum, «Future of Jobs Report 2025»; Organización Internacional del Trabajo, «Green Jobs and the Transition to Net-Zero» (2024); IRENA, «Renewable Energy and Jobs: Annual Review 2024»; Agencia Internacional de Energía, «World Energy Employment» y «Renewables 2024»; Net Zero Tracker, «Net Zero Stocktake 2025». Los roles de 2028 son ficción; las señales que los sostienen, no.
Cómo lo hicimos
Futuro mundano. El principio es el de Nick Foster: la escena no es un laboratorio con luces azules, es un pasillo con un escritorio y alguien esperando que firmes. Lo raro de 2028 no va a ser la tecnología. Va a ser que sea rutina.
El ciento diez por ciento. Cada objeto tiene que ser reconocible al primer vistazo y estar corrido apenas. Una llave inglesa flúo sigue siendo una llave inglesa. Si el objeto es irreconocible, el participante lo archiva como ciencia ficción y se despega.
El moderador nunca dice el año. Solo procesa.
Van Gennep, en serio. Un rito de pasaje tiene separación, umbral y reincorporación. Por eso el ascensor se interviene: es el umbral, ni afuera ni adentro. Y por eso hay algo que se deja, la firma, y algo que se lleva, la herramienta. Un rito donde solo recibís es un canje.
No romper el mundo. Fue la regla más difícil de sostener y la que más cosas cambió. Nadie del equipo entra a explicar. Si alguien documenta el evento con una cámara, lo hace en personaje, con mono naranja. Alcanza que una persona diga «qué buena esta experiencia de innovación» para que el rito pase a ser anécdota.
Diseñar para que funcione sin nosotros. La instalación se activa a lo largo de todo el año, se monta y se desmonta cada vez, porque el pasillo se usa para otras cosas, y la opera personal de la Escuela. Eso obligó a escribir lo aburrido: protocolos de moderación, guiones palabra por palabra y contingencias para lo que se rompe. Códigos duplicados. Gente que llega tarde. Un cajón que traba.
El reparto de tareas. Nosotros diseñamos, ideamos y dirigimos creativamente; el ITBA compra, construye e implementa con su Lab. Eso cambió la forma del entregable. En vez de una maqueta linda, un documento que un carpintero, una imprenta y una moderadora pueden ejecutar sin tenernos al lado.
Lo que abre. Una cohorte que entra al aula con un objeto flúo en la mano y una pregunta ya instalada, antes de que empiece la primera clase. Lo que la Escuela haga con eso no forma parte de lo que publicamos.